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PRUEBA PILOTO EN BASE A UNA EXPERIENCIA ESPAÑOLA
Instrumentan juicios orales en el fuero civil para acelerar
procesos
Se prevé su aplicación para casos de accidentes de
tránsito, mala praxis médica, daños y perjuicios,
divorcios contradictorios y regímenes de tenencia de hijos, entre
otros. Los especialistas creen que se pueden reducir los plazos de un
juicio a menos de un año. El primer caso en el que se está
utilizando es el de un policía atropellado en Plaza de Mayo.
POR SILVINA SAUX
Sufrir un accidente de tránsito o una mala praxis médica
es una desgracia. Esperar un promedio de siete años para que
la Justicia civil determine qué indemnización le corresponde
a la víctima, también. A fines del ano pasado comenzó
la experiencia piloto de un sistema de juicios orales capaz de reducir
la duración de los procesos a poco más de un año,
según los casos. El ensayo se limita a los llamados procesos
“de conocimiento", que son los que requieren presentación
de pruebas: daños y perjuicios, divorcios contradictorios, regímenes
de tenencia o visita de hijos de parejas separadas. Como dicen en Tribunales,
“uno puede morir sin pisar un juzgado penal, pero nadie llega
a viejo sin pasar por el fuero civil”. Es que allí se reclaman
resarcimientos por daño moral o psicológico, se resuelven
adopciones, sucesiones, cuotas alimentarias, reclamos por contratos
impagos, conflictos entre vecinos, o refacciones mal terminadas, entre
otros casos. En una sala especialmente equipada del edificio judicial
de Uruguay 714, se está llevando a cabo el primer juicio oral
en materia civil: un policía fue embestido por un automóvil
que subió a la vereda en la Plaza de Mayo, sufrió lesiones
y ahora se discute la indemnización. Por tratarse de una experiencia
piloto, la participación es voluntaria, pero la jueza Celia Pérez
logró que los involucrados en esa causa aceptaran emplear la
nueva modalidad. El 8 de febrero pasado, en una sola audiencia oral,
declararon tres te ¿os y se produjo prueba pericial médica,
psicológica y mecánica. Con el sistema escrito, esos pasos
hubieran insumido cerca de un año. El proyecto su-pone que cada
una de esas re-uniones se grabe y se filme, de modo que a su término
las partes reciban un CD idéntico al que se elevaría a
los jueces de Cámara, quienes, en lugar de demorar meses leyendo
una larguísima apelación, sólo tendrían
que mirar lo ocurrido en las audiencias en sus computadoras, analizarlo
y luego confirmar o revocar lo resuelto en primera instancia. La idea,
vaciada en el molde de la exitosa experiencia española en la
materia, surgió en el año 2002 en el seno de la Asociación
Justicia Democrática, presidida por el camarista civil Gerónimo
Sansó. El plan original era aplicar la oralidad sólo en
los juicios de familia, pero la Cámara, que rápidamente
tomó el proyecto como propio, decidió extenderlo a todos
los expedientes que re-quieran prueba.
Después de años de insistir en las bondades de la oralidad
civil, finalmente se logró que el Consejo de la Magistratura
solventara los gastos para adecuar la sala de la calle Uruguay, que
estuvo lista y con la última tecnología a fines de 2007.
Sansó, a quien todos reconocen como un ferviente impulsar del
proyecto, asegura que “termina con la proletarización de
la tarea profesional. Los grandes estudios tienen docenas de abogados
mal pagos a los que mandan a recorrer los tribunales presentando papeles
y controlando expedientes. Pero para defender a un cliente en un juicio
grabado y filmado, hay que tener con qué, hay que estar ahí
y aplicar lo que se sabe. Eso no vale dos pesos”. El abogado que
cumpla ese papel exigirá que dejen de pagarle como “junior”
y si no (se ríe) ... “¡mandará al titular
del estudio a que lo haga él!”. También cree que
el sistema es bueno para los jueces porque “los obliga a tener
el expediente leído y conocido antes de tomar una decisión.
Hay que saber de qué se trata para poder estar cara a cara con
los abogados y sacar provecho de la audiencia, no va a ir para que graben
c6mo usted se equivoca y balbucea”. Hasta ahora, la mayoría
de los letrados a los que se les ofreci6 participar voluntariamente
de la prueba, no aceptaron. El abogado Gustavo Romano Duffau, uno de
los responsables del estudio Romano Duffau-Pardo, estimó que
“las resistencias son una reacción frecuente ante el cambio.
Lo mismo sucedió con la llegada de la oralidad a la Justicia
penal, al margen de que enfrentar un juicio de estas características
importa personalizar el ejercicio de la profesión y no delegarlo
en terceras personas”. “Yo creo que para los abogados de
las compañías de seguros es conveniente porque tienen
que inmovilizar la cantidad de dinero que se les reclama en la demanda.
Si creen que pueden ganar el juicio o pagar una indemnización
menor que la pedida, lo mejor que les puede pasar es ir a un juicio
rápido que les permita volver a disponer de los fondos”,
calculó Sansó. Todos coinciden en que el más beneficiado
es el ciudadano común, que obtiene una respuesta rápida
y evita años de pago de honorarios. Para Romano Duffau, “es
trillado pero cierto que la justicia lenta no es justicia. Para que
exista celeridad ya es hora de que los fueros civil, comercial y laboral
sean orales”. Gregorio Dalbón, especialista en accidentes
de tránsito y titular de una entidad que nuclea a familiares
de víctimas de esos siniestros, también se manifestó
a favor del nuevo sistema, aunque planteó algunas dudas. “Si
llegamos al juicio muy rápido y representamos a un herido que
fue arrollado por un auto, ¿quién nos garantiza que no
pase de lesiones leves a graves después de la sentencia? En civil,
si pido por ejemplo una indemnización por lesiones graves, ya
no puedo cambiar el monto en el caso de que la víctima muera.
En ese aspecto, la celeridad no es favorable.” No obstante, opinó
que “pese a que tal vez haya ‘lagunas jurídicas’,
siempre será mejor un trámite expeditivo”. En materia
de objeciones, Romano Duffau se preguntó si existe “una
infraestructura adecuada para el debido ejercicio de la oralidad en
el ámbito de la Justicia civil”, y destacó que pese
a los costos de contar con ella, significaría “el ahorro
para el Estado de un gasto que no se ve pero existe y es el que insume
el sistema escrito”.
La adecuación de la sala de Uruguay 714 costó 52.000 pesos.
“Eso incluye alfombras, muebles, micrófonos, cámara,
consola digital de última generaci6n, sillones, un sistema de
isonorización de doble vidrio”, informó Sansó.
El camarista, sobre la base de la experiencia de España, prevé
que en caso de masificarse la práctica de los juicios orales
en procesos de conocimiento, se requerirá “un tercio más
de jueces y dos tercios menos de empleados”. La cuenta cierra
si se tiene en cuenta que ya no será necesario un enjambre de
empleados para proyectar y redactar respuestas a notificaciones, traslados
y vistas, sino que el grueso de la tarea será desempeñada
por un juez y dos o tres auxiliares.
“Eso no implica deshacerse de personal”, explica Sansó,
“porque quienes ya no tengan tareas en los juzgados orales, se
redistribuirán en los que seguirán siendo escritos”.
Los camaristas civiles ya han solicitado una nueva sala en los tribunales
de avenida de los Inmigrantes, donde hay más de cincuenta juzgados
de primera instancia del fuero, y pedirán al Consejo de la Magistratura
la adecuación de otras porque están seguros de que más
y más jueces se sumarán a la propuesta.
NOTA PUBLICADA EN EL SUMPLEMENTO “EL OBSERVADOR” DEL DIARIO
PERFIL DEL 11 DE MAYO DE 2008
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