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Buenos Aires, mayo 16 de 2005

La “Asociación Civil Justicia Democrática” puede comprender la disconformidad expresada por todos aquellos afectados directamente por la pérdida de un ser querido en la tragedia ocurrida en el local “Cromagnon”, en relación a una decisión judicial recientemente adoptada. Pero éstas expresiones de pesar, que han compartido las autoridades de los otros poderes del Estado y del medios, no deben ser un vehículo para ocultar –antes que para hacer evidentes– la verdad y la búsqueda de justicia; para desinformar en lugar de esclarecer, para buscar rédito político o electoral, o para obtener incremento en la audiencia o de lectores, en vez de ilustrar.

Un Estado de Derecho lo es porque todo, sin excepción, desde la primera magistratura hasta el ciudadano de a pie, se subordinan a la ley. Y mientras unos, en representación de todos, la elaboran y la promulgan, otros la aplican.

Las reacciones descalificantes hacia jueces constitucionales con una vasta y prolongada experiencia de servicio, y que han superado airosamente exigentes concursos, sea que provengan de los otros poderes del Estado o de miembros del órgano competente para juzgar magistrados, resultan absolutamente improcedentes. No aportan al consuelo y parecieran aprovecharse de una manera desconsiderada, peligrosa y hasta oportunista, del más profundo dolor ajeno.

En parte, está desacreditada la Justicia, el denominado Poder Judicial en el que todos dicen creer, porque esa pretendida expresión de confianza se condiciona a que las sentencias o resoluciones que dicta, digan aquello que cada uno desea.

Nuestra Asociación tiene por objeto contribuir a la profundización del proceso democrático en las instituciones nacionales y en particular, en el Poder Judicial. Por ello, promovemos la revisión autocrítica de la gestión de los jueces, en relación con la efectiva realización de los derechos y garantías constitucionales. Y por esto mismo reclamamos de aquellos que se encuentren legitimados, actitudes, decisiones y comportamientos ajustados a la ley y respetuosos del principio de división de poderes porque ésta es la única manera civilizada de convivencia republicana.

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